Durante años he visto el mismo patrón repetirse una y otra vez en proyectos digitales: software bien diseñado, técnicamente correcto… que no se usa, no se paga o se abandona.
No porque funcione mal, sino porque no resuelve el problema real del usuario.
En este artículo quiero explicar qué diferencia un software útil de uno irrelevante, desde la experiencia práctica, no desde el marketing ni la teoría.
El error más común al crear software
La mayoría de productos digitales empiezan así:
- Lista de funcionalidades
- Comparativa con la competencia
- “Tenemos más opciones”
- “Somos más completos”
El resultado suele ser:
- Interfaces complejas
- Usuarios confundidos
- Soporte constante
- Abandono silencioso
El problema no es técnico. El problema es de enfoque.
La pregunta correcta no es “qué puede hacer el software”. La pregunta correcta es:
¿Qué problema real tiene esta persona a las 22:30 de la noche?
Cuando un negocio crece, los problemas no aparecen en forma de “features que faltan”, sino de:
- Errores humanos
- Malentendidos
- Información dispersa
- Estrés operativo
- Decisiones tomadas con datos incompletos
Si tu software no ataca eso, no importa lo bien programado que esté.
El caos invisible de los procesos cotidianos
Uno de los entornos donde esto se ve con más claridad es en la gestión de tareas operativas:
- Mensajes por WhatsApp
- Cambios de última hora
- “Pensé que lo hacía otro”
- “No me avisaron”
- “Eso no quedó claro”
El caos no es espectacular, pero es constante. Y lo más peligroso: se normaliza.
Muchos negocios funcionan “más o menos” hasta que crecen… y entonces el sistema se rompe.
Diseñar desde el problema, no desde la tecnología
Cuando empiezo un proyecto, no parto de la tecnología ni del stack. Parto de tres preguntas muy simples:
- ¿Dónde se producen los errores?
- ¿Qué se repite cada día?
- ¿Qué genera conflictos entre personas?
Solo después viene el software.
Esto implica renunciar a muchas “funciones atractivas” que no aportan valor real. Y sí, a veces significa hacer menos, no más.
Caso práctico: cuando el problema no es “gestionar tareas”
En un proyecto reciente, el problema no era “crear tareas” ni “asignarlas”.
El problema real era:
- Falta de claridad
- Falta de evidencias
- Falta de control sin estar encima de la gente
El usuario no quería más pantallas. Quería tranquilidad.
Ahí nació Casa Limpia, no como una app genérica, sino como una herramienta enfocada a eliminar errores, malentendidos y desgaste operativo en negocios reales.
No se diseñó para impresionar. Se diseñó para funcionar sin pensar.
El verdadero valor del software bien diseñado
Un buen software no se nota cuando está. Se nota cuando falta.
Cuando:
- Todo está claro
- Nadie discute versiones
- Las responsabilidades están definidas
- Los problemas se detectan antes de que escalen
Eso es valor real. Y por eso la gente paga.
Menos funciones, más criterio
Diseñar software útil exige algo incómodo:
- Decir no
- Eliminar opciones
- Simplificar decisiones
- Pensar como negocio, no como desarrollador
La tecnología es una herramienta. El criterio es lo que marca la diferencia.
Conclusión
El software que funciona no es el más completo, es el que entiende mejor el problema humano detrás del proceso.
Y ese entendimiento no se consigue en un roadmap, se consigue escuchando, observando y aceptando que el verdadero reto no es técnico, sino operativo.
Si estás pensando en digitalizar un proceso o crear una herramienta, la pregunta no es “¿Qué puedo construir?”, sino:
“¿Qué problema real merece ser eliminado?”
Ahí empieza todo.
Publicado por Alejandro Briz · · Diseño y desarrollo de soluciones digitales